Totonaca

martes, enero 27, 2009



Tarde de nubes

martes, enero 20, 2009

Torre del tiempo

lunes, enero 19, 2009

Puntos de tiempo

domingo, enero 18, 2009

Es tiempo de cerrar heridas recientes
y de retomar los proyectos trazados;
tiempo de regresar al punto de partida
y corregir el rumbo.

Es tiempo de soltar ataduras,
de dejar en libertad;
tiempo para reencontrarse a sí mismo
y serenarse.

Es tiempo para valorar lo obtenido,
lo que rodea y lo futuro;
tiempo para darse cuenta
de que aún hay tiempo.

Descubrimientos de la tarde gris

jueves, enero 15, 2009

En mitad de esta tarde lluviosa, en que la alegría decidió exiliarse de mí, descubro que ha cobrado fuerza la tentación del fatalismo.

Descubro que tengo manos abandonadas, que morirán de inanición cuando terminen de entender que fueron desterradas de tus manos, de tu cuerpo, de mis caricias de tí...

Descubro que tengo un par de ojos que no sienten más que un profundo cansancio de derramar agua de mar desde el silencio de las horas y la ausencia de tu mirada encantadora.

Descubro que tengo, además, el dolor más hondo que puede llevarse en el pecho; aquel que surge de la pérdida de lo que se prometió imperdible; el dolor de una distancia intromisoria y entrometida que vino a traerme la certeza de que eres sólo una utopía.

Descubro que tengo, en resumidas cuentas, el dolor de que me duelas.

Necrologías

lunes, enero 12, 2009

Puchungo murió tras una larga agonía de un poco más de un mes y medio, quizá dos...

Dicen los doctores que sufrió de un ataque al corazón provocado por alta exposición accidental a una fuente de desdén, que, si bien no lo mató, lo dejó muy débil. "Sobrevivirá", decían ellos; y así fue.

Poco después, Puchungo fue agredido por unos matones, que disparaban balas impregnadas de una sustancia, que al penetrar en el cuerpo, convencían al herido de que no valía nada, de que su amor no era digno de ser recibido por mujer alguna; lo hacían creer a uno que era poca cosa... nada que valiera la pena, poco interesante y tremendamente aburrido, y principalmente de ser un estorbo a los planes [verdaderos] de la gente a su alrededor. Aún con esto, sobrevivió.

Finalmente, fue segado de este mundo por el tiro de gracia que vino con el silencio de los días.

Los intelectuales y estudiosos dicen que Puchungo era un idealista y que eso fue lo que lo mató. Que debido a que pasó su adolescencia tratando de encontrar la materia utópica que protagoniza los cuentos de hadas y las canciones y las poesías tuvo un encontronazo con el status quo y que debido a eso, los agentes secretos lo emboscaron en un bosque donde se encontraba a punto de alcanzar esa utopía. Murió, como todos lo soñadores: buscando su ideal.

En cambio, Enrique, que le conoció toda su vida, dice que murió de tristeza, cuando se le ocurrió arrancarse a sí mismo de su mundo. Puchungo pensaba que así encontraría quién sabe qué cosas... La tristeza le vino cuando cuando se dio cuenta de que el muy tonto sobrevaluó esas quién sabe qué cosas y, por los movimientos financieros de estos tiempos, los intereses se elevaron estrepitosamente y terminó pagando un precio demasiado alto: su propio corazón con altos intereses en lágrimas a plazo indefinido; aunque hay quienes afirman que Enrique coincide con los doctores, los intelectuales y los estudiosos.

 
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